La vela blanca
no sucumbe
ante la niebla negra
situada tras mis ojos.
Su llama limpia
me ofrece aromas de naranjos
/a mí que tanto olía
a los párpados del muerto.
Su cera
sobre mi piel sola
abraza con candentes ojos
a cada lágrima de soledad tan sola.
Yo no ocupo sus espacios
con mi llama
pero también la abrazo
/ella me conquista
y yo, con un mirar de pájaro,
la libero de su cárcel de cristal
con una caricia dictada por el dios de la ternura.
Y es así
la única manera en que nos consumimos:
jugando al ciclo de las caricias
y las llamas tras las nieblas negras
/llenándonos
de una blanca eternidad
con piel de beso.
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él me conquista
y yo, con un mirar de pájaro,
le libero de su cárcel de cristal
con una caricia dictada por el dios de la ternura.
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