martes, 20 de diciembre de 2011

La mujer de la ventana

                                   (Banda Sonora del relato del compositor italiano Ludovico Einaudi).

    La mujer que mira a la ventana canta siempre cuando los primeros rayos del sol entran por la ventana; canta después de hacer el amor y en la ducha mientras juega con su cuerpo. Bueno, en ese último caso el tarareo se mezcla con leves y pequeños gemidos que se aúnan con el agua caliente y que va dejando rastros de pequeñas gotas, como si esas gotas como pequeñas lapas fueran el deseo eterno de algún hombre (o de alguna mujer). Pero tras ello, ella siempre vuelve y canta frente a la ventana. Como una Enma Bobary, en la ventana. Será por esa extraña forma que toman las cosas, las añoranzas y los recuerdos muertos vistos desde una ventana. Será por ver a la ciudad moverse como un pájaro migrando a algún lugar que aún no conocemos. Será por eso.
    Entre una extraña luz de atardecer grisáceo a la par que enrarecido por tímidos rayos del sol, la mujer de la ventana mira a un horizonte como si fuera esa actriz que sabe que está actuando. Mira como una búsqueda y como un juego que se sabe divertido; como una escultura que se mira en un espejo y ve lo que todo el mundo sabe: que es tan bella y simple al mismo tiempo, que es desnuda e intocable. Con los brazos medio caídos, el pelo castaño enrubiado por el cítrico y menguado rayo de sol, mira por la ventana. Como si ese fuera su único cometido. Como si la Historia entera se detuviera durante un instante para mirarla sólo a ella, como si a ella eso le pareciera un juego, una sonrisa, una mueca de eternidad; entonces llega un deseo: el deseo de la Historia de acariciar la piel suave de la mujer de la ventana; pero no lo hace porque la Historia sabe que es muy torpe y acabaría estropeándolo, acabaría llegando sangre al río de placer de esa mujer perfectamente imperfecta, imperfectamente inigualable…

(Cuadro de Edward Hopper)
    Ya nada ocurre en la ventana si no está ella. Ya la Historia se va a la basura como un papel arrugado si ella falta, si ella no mira por la ventana. Es como la esperanza huída de la caja que guardó Pandora, es como si ella misma fuera Pandora y como si su mirar por la ventana fuera la propia esperanza. Es como si tú y yo no fuéramos nada sin ella. Y cuando vuelve a su silla y la crudeza helada de la habitación se alegra y entonces todo recobra su luz y su abrazo, entonces el frío se acuna plácido en el regazo de una caja que es el mundo entero, y entonces el frío y la distancia no son nada porque la habitación ahora es la ventana que la mira a ella mirar por la ventana…
    ¿Pero de dónde viene ese bosquejo de sonrisa que se le va dibujando muy lentamente en el rostro al mirar por la ventana? ¿Por qué será? Yo no sé por qué. Pero es un espectáculo ver cómo le cambia el gesto nada más sentarse en esa silla, en esa silla con aspecto impávido y helado, y ver también entonces cómo con su sola sonrisa la habitación se caldea de nuevo (en un ir y venir de ciclos amorosos y geniales que querrían ser para siempre), la habitación le da un abrazo a esa lenta y juguetona mueca y entonces, la habitación (ni su silla ni la mesa ni las paredes) ya no es fría; todo lo contrario, la habitación ahora palpita con fuerza. Con una extraña presencia de color rojo anaranjado la habitación se postra ante ella. Y observa mirar a la mujer. La mujer de la ventana. Con sus cabellos mirando a un horizonte sin pasión con una pasión indestructible.  La mujer de la ventana.
    La mujer de la ventana se sonríe. Me ha confesado al oído, después de leer esto, que sonreía porque siempre supo que yo la observaba. Siempre supo que intentaba escribir un poema que acababa siendo sólo un papel más en la basura. Me ha confesado que siempre supo que yo estaba ahí, pero que no podía decírmelo hasta que terminara de escribir algo.
    La mujer de la ventana a la que adoro. 

8 Comentarios:

Anónimo dijo...

Ella es belleza.

Me ha gustado tantísimo... he puesto la canción y me he grabado leyéndolo para escucharlo cuando quiera.
Vaya atmósferas te creas. Sos un crack.

un beso.
maüvia

Mamá dijo...

Maravilloso

Aroa dijo...

Me repito, me repito y me repito...

Sublime...

Tienes esa capacidad de dejar sin palabras. Y yo no seré una buena crítica, o alguien a quien tener muy en cuenta, pero le das magia a lo que dices, ese ambiente que creas, que todo lo envuelve... Te hace desear ser parte de todo eso, te imaginas siendo ella en la ventana... Imaginas lo que siente, lo que piensa...

Siente orgulloso, tal y como estabas, porque es para estarlo.

Marta Pastor Hernadez dijo...

Excelente. No tengo palabras, la música es perfecta para esta obra de Hoppers

San dijo...

Genial, simplemente.

Mirella S. dijo...

Es pura prosa poética, pero con un hilo conductor que genera la tensión suficiente para llevarte hasta ese final, muy bien logrado.
¡Felicitaciones!
Si volvés a pasar por mi blog, me gustaría que leyeras el primer cuento que publiqué cuando lo abrí, en noviembre pasado. "Desde el balcón" es el título y también le puse un cuadro de Hopper y también es de una mujer, aunque es distinto.
Te deseo mucha suerte en tu carrera y nos seguiremos leyendo.
Un abrazo Javi.

Marta Pastor Hernández dijo...

Javier, cada vez que vuelvo a leer este fragmento me gusta más. Encuentro que es sencillamente perfecto.
Felicidades,
Marta.

Eme. dijo...

Vale, ¿por dónde empiezo?
MUY BUENO.
Las descripciones, el sentimiento, la pasión y sobretodo el final.
Un final inesperado, y muy muy bueno.

Una musa, y no sólo por su físico, sino por lo que transmite, porque sus gestos son su espejo del alma, y dónde la ventana, le da vida.

No sabría como describirlo, sólo puedo decir, que me ha gustado.
Enhorabuena.

Luces

 
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